jueves, 25 de mayo de 2017

YA NADIE ME LEE



 

Ya nadie me lee.

Debe leerse esta frase sin la menor nostalgia.

Ya nadie me lee porque ya no escribo. Ya no escribo porque ya nadie me lee. 
Parece un buen pretexto para dejar de escribir. Casi un trabalenguas. Podría ser la coartada perfecta. El lenguaje trabado. Siempre he buscado una buena excusa para no sentirme mal cuando dejo de escribir durante una larga –largísima- temporada. Ya nadie me lee y no pienso demasiado en ello. Cuando lo hago, cuando pienso en ello sin la menor nostalgia, me digo que La Escritura es quien manda. Ya no escribo porque yo no mando. La Escritura es quien dicta lo que escribo. A veces pasa junto a mí, acaricia mi cuero cabelludo con sus largos dedos, dice algo que no entiendo muy bien. Pero enseguida se aleja. No me da tiempo a despertar del sueño. Cuando lo hago, cuando despierto sin la menor nostalgia, me digo que ya nadie me lee. Me digo que ya nadie me lee porque ya no escribo. Me digo que ya no escribo porque ya nadie me lee. Me lo digo hasta el infinito. Y más allá.

Después, cuando ya no pienso en que ya nadie me lee, escribo.



(Fragmento de mi libro inédito El lenguaje trabado)



viernes, 29 de julio de 2016

PODRÍA VOLVER A CASA Y MIRARME AL ESPEJO

Pintura de Paul Delvaux


Podría volver a casa y mirarme al espejo. No sería tan descabellado hacerlo. Podría mirarme de reojo, sin hacerme demasiado caso. Podría temer mi rostro una vez más, ver temblar esos ojos al otro lado. Podría odiar de nuevo ese mecánico reflejo sin el menor atisbo de cordura. Podría peinarme el tupé, engominar mi pelo como lo haría el mismísimo Elvis Presley. Podría cepillarme los dientes temiendo que mis encías derramasen la inesperada sangre de la noche. Podría después meterme en la cama con ese familiar sabor rojo en la boca, descendiendo segundos más tarde garganta abajo. Podría apagar la luz. Y soñar. Otra vez. Contigo.


jueves, 23 de junio de 2016

LA HOGUERA DE LAS RESISTENCIAS



Nada. Alguien dijo que no había nada que pudiéramos hacer.
Todo. Alguien dijo que todo había salido diametralmente opuesto a lo que habíamos planeado.
De un día para otro, se vino abajo la basta estructura de madera que habíamos construido durante los últimos siete días.
Lo sabíamos. El espejo ya no podría devolvernos la mirada. La llama no se encendería a medianoche. Las brujas se quedarían en sus casas, jugando a las cartas o haciendo tarta de manzana con base de galleta.
Aún así, alguien lanzo  la cerilla de la discordia. Todo empezó a arder. La madera sudaba ríos de savia mientras en nuestros ojos se reflejaban los ojos del fuego. Nos miraba como quien mira un espectáculo de fuegos tan artificiales como artificiosos. Y el calor, bajo nuestra ropa, posado en nuestra piel, acariciaba todo lo que habíamos dejado atrás. ¿No era esa la premisa que nos esperaba en el corazón de la hoguera? Allí dentro, en el centro de aquella fiesta de ascuas malditas, nunca se extinguirían nuestros deseos, permanecerían ardientes por los tiempos de los tiempos si hacer caso de las pérdidas de tiempo.
Entonces alguien dijo que el tiempo está para perderlo. Extraviemos nuestro tiempo, gritó saltando la hoguera como un canguro cósmico.
Todos le alabamos.
Todos le seguimos.  
Todos supimos que de nada vale lamentarse en los tiempos de los eternos píxeles y las sempiternas redes digitales.
Todos supimos que debíamos resistir.



viernes, 26 de febrero de 2016

¿EL BLOG COMO REFUGIO?

Pintura de Adrian Ghenie
 
 
Paso estos días enfermo, convaleciente, en la cama, nada demasiado grave, gripe, 38´5 de fiebre, ardientes tiritonas, jaqueca, malestar general. Tomando paracetamol, ibuprofeno, bebiendo agua a todas horas y comiendo muy poco.
Y ha sido entonces, sumido en este estado febril de lúcido aturdimiento, cuando he regresado a este hotel en forma de blog, del que me había alejado una vez más sin saber muy bien por qué. Ha sido entonces cuando me he dado cuenta de que este blog es para mí un refugio, un lugar en el que me siento a salvo, al abrigo de pinturas y textos, amparado por las palabras e imágenes que aquí voy recopilando. El blog como medicina. El blog como refugio. La literatura como medicina. La literatura como refugio. La pintura como medicina. La pintura como refugio.

Sí, todo eso está muy bien. Pero, tras pasar un par de días encerrado en casa, ansío que mi cuerpo se recupere para salir a tomarme unas cervezas.


Pintura de Adrian Ghenie